sábado, 3 de noviembre de 2018

Cambio. De colegio

Pues sí, este año los niños cambiaron de colegio. Este año... este curso escolar, vaya. Uno empezando primero, y otro empezando tercero.
¿Motivos? Varios, la verdad.
Al final, cuando haces un cambio de estas características y a estas alturas, hay siempre más de una razón.

Cambio. Una palabra corta, simple y puede que una de las que más miedo, vértigo e inquietud provoca en los adultos.
Porque los cambios no son fáciles, te obligan a pensar, a reflexionar, a echar la vista atrás y a intentar adivinar el futuro. Esto es imposible.
Salir de tu vida, tu zona de confort que está tan de moda ahora, no es sencillo. Demasiados compromisos, demasiados pensamientos, demasiados demasiados.
Puede que hagas un cambio y no salga bien. Mentira. Siempre saldrá bien. Habrás averiguado algo más sobre ti. Y tú eres la persona más importante en tu vida. Si tú no eres FELIZ, olvida todo lo demás.
La felicidad habrá quien la encuentre en el dinero, otros en el poder, otros en la comida. Pero hay que mirarse al espejo, en esa sonrisa tonta. Ahí está la felicidad.
Cambio. Qué difícil y a veces tan necesario aunque no nos demos, o no queramos darnos cuenta.

Había miedo al cambio. A lo desconocido. Aunque sabes que en el anterior colegio no estaban bien, sobre todo el mayor, el que más se parece a ti, tanto físicamente como de carácter, vas haciendo, vas dejando pasar los días. Porque sí. Porque es lo que toca, te han enseñado desde pequeño a hacer eso, a no levantar la voz, a no quejarte, a no perseguir tus sueños. Y a veces los sueños se hacen realidad. Y si no es así, lo has intentado. Que es más de lo que hace el 90% de las personas.
Piensas, que bueno, mientras vayan llegando y los vayas viendo más o menos bien, es suficiente, aunque los miras y sabes, porque lo sabes, que no están bien ahí. Es una intuición, una sensación rara, pero lo notas.





No hay motivos suficientes para continuar. No tienen AMIGOS. Tampoco tú como adulto te relacionas con la gente de su entorno. Bien sea porque lo has intentado y no se ha dado, bien sea porque no te nace, o bien porque nadie se te acerca. Realmente no tienes nada en contra. No puedes tenerlo porque no los conoces. Así que mal no te caen. Bien tampoco. No te caen.

Te preguntas qué ejemplo les estás dando. Si no estás siendo un egoísta, haciéndolo más por ellos que por ti. Si eso repercutirá en sus decisiones futuras. Lo piensas. Mucho. Tardas mucho tiempo en aceptarlo. Porque sientes que has fracasado. Esa elección que tomaste hace unos años durante la jornada de puertas abiertas, los días anteriores y posteriores.
Tienes miedo a que te lo reprochen. A fallar(les) de nuevo. Pero... ¿qué ejemplo les estás dando si no te arriesgas a algo que puede ser mejor para ellos? ¿A que acepten las cosas cómo son, porque sí? Puede salir mal, sí. ¿Y si sale bien? No te quedes con la duda. Ellos se adaptan. Son más fuertes de los que nos pensamos.
Y te lo demuestran día a día. Yendo al nuevo colegio. Contentos. Con más deberes sí. Logísticamente mucho más complicado, sí. Con agobios por no llegar a todo, sí.
Con amigos, sonriendo al salir, con ganas de volver al día siguiente. Saludando a los niños de sus clases en la calle. Acciones normales, pero que no recordabas.

Y te quitas un peso de encima. Y tu humor cambia también, vuelves a ser tú, aquella persona que estaba dentro de ti pero tenías olvidada y/o aparcada por lo vivido durante los últimos años, por el miedo a ese cambio.
Y te dices que ahora es el momento adecuado. Quizás 4 años antes no hubiera sido igual. AHORA es el momento. Costará gestionarlo, seguro. Pero. Lo merecen. Todo(s).

Así que... be change, my friend. Forma parte de él.


1 comentario:

  1. Gracias por el cambio y por ser como eres, admiro tu templanza y justicia sobretodo en estas cosas, siempre simplificas y llevas a los monstruitos a una vida mucho mejor y por consecuencia a mi también.

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