lunes, 27 de abril de 2015

Las cosas claras y el chocolate espeso

Hay veces en las que los niños, por su inocencia, su falta de maldad y de ver las cosas de una forma muy simple, hacen que los adultos nos preocupemos de lo que han dicho, sobre todo si hay alguien delante, por si se van a ofender. Pero realmente es culpa nuestra, o más bien culpa del ambiente en que nos movemos.

Por ejemplo, Hugo, que es el que habla con coherencia (por decir algo), tiene un amigo café con leche. Es decir, madre española blanca nuclear, padre africano negro noche. Y tan negro noche que cuando lo ves de lejos, como no le da ninguna sombra, muchas veces yo no sé quién es hasta que está muy muy cerca, y eso que lo veo prácticamente cada día.
A lo que iba. En unos carnavales:

Hugo - M, de qué te vas a disfrazar?
M - De Spiderman
Hugo - No, no puede ser
M - Por qué?
Hugo - Porque Spiderman no es negro. Tú te tienes que disfrazar de caca o de rey mago

Toma ya, menuda conversación... Lo llega a escuchar algún zumbado y al niño nos lo envían al psicólogo y a nosotros nos retiran la custodia. Pero él lo dijo con toda la normalidad del mundo.
Es más, en otra conversación con el mismo niño:

M - Yo no quiero ser negro!
Hugo - Por qué?
M - Porque no se me ven los tatuajes!

Los de la bolsa de cheetos, por supuesto.

Otro ejemplo es un tuit que colgué hace unos días:
Porque a ver, en casa se habla de todo, y no sólo se ve el Boing o el Clan. Hay que hablar las cosas con naturalidad. Usamos tantos eufemismos y hablamos dando vueltas a las cosas que los niños no se enteran.

Hugo hace un tiempo tenía curiosidad, imagino, por saber de dónde venían los niños. Se lo preguntó a su madre, y bueno, la respuesta exacta no la recuerdo, pero vino a ser: cuando una mamá y un papá se quieren mucho, ponen una semillita y con un poco de suerte, al cabo de un tiempo la barriga de mamá se hace grande hasta que sale el niño.
Bien, una respuesta que creo que muchos habrían dado. Pero claro, yo soy bastante más simple (y bruto). También me preguntó a mi y mi respuesta fue: Hugo, no hace falta que sean un papá ni una mamá, no hace falta que se quieran mucho, hay que introducir el pene en la vagina, se mueven y con suerte, o mala suerte, al cabo de unos meses sí puede nacer un niño.
Respuesta: ah!

No digo que las cosas haya que hacerlas como lo hago yo. Ni mucho menos. Tú las haces como tú veas, el otro las hace como el otro vea y así. Pero bueno, que tampoco hay que tratarlos como tontos, que no lo son, de verdad. Lo somos más nosotros pensando eso, que ellos.

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