martes, 24 de marzo de 2015

Soy normal y me alegro

La normalidad y la tranquilidad están infravaloradas.


Afirmación muy rotunda pero estoy muy de acuerdo con ella. Tan de acuerdo como que la he escrito yo, vaya.
Me explico. Hace unos días cogí el móvil y miré los contactos de whatsapp. Me dije: voy a escribir a gente, que hace mucho que no sé nada de ellos. Para mi mucho son meses, soy un desastre en el tema de las relaciones sociales.
Una que si acababa de tener un niño, otra que estaba esperando otro bebé (felicidades MVN), otro con nuevos proyectos, otro de mudanza, etc. Y claro, te preguntan a ti, y tú contestas: yo todo igual. A ver, contesté algo más, que soy soso, pero tampoco tanto. Pero para que se me entienda.

Y bueno, me quedé pensando un poco, y bueno, la verdad que sí, que todo igual. Hugo en el colegio, Eric en la guardería, los demás trabajando y con nuestro día a día. Los días van pasando, voy a recoger a los niños, luego estamos en el parque, los días que hay piscina pues allí que vamos. Después del parque, para casa, estar ahí, preparar las cosas para el día siguiente, cenar, ver Tom y Jerry, dormir.

Y los fines de semana más de lo mismo. Ir a comprar el sábado por la mañana y después ya no hay planes. Es decir, vamos a dar una vuelta sin rumbo fijo, otro día al parque o con las bicis según apetezca, pero que no hay nada planificado.
Conozco a parejas con un montón de vida social. Comida en casa de los abuelos, otro día comida en casa de los otros, planes por aquí, planes por allá. Pero no es mi caso.
No es mi caso y me gusta que sea así. Quizá porque soy bastante tranquilo. No lo sé. Pero no me molesta.
El piso igual. Vivo en un piso normal, más o menos grande según el criterio de cada uno, pero normal, donde cada estancia hace su función sin que merezca aparecer en una revista de decoración.
Trabajo también. Tengo un trabajo normal con el que me siento bien para mi día a día. Es decir, ni soy agente del FBI ni trapecista, ni otra profesión parecida que a priori pueda parecer interesante.
Al igual que las vacaciones. Nos vamos una semana fuera, a una zona de playa, y no tengo ninguna necesidad de coger el coche para hacer turismo. Soy feliz yendo por la mañana a la playa, por la tarde a la piscina, un poco más hacia la noche dar una vueltecita y luego vuelta al bungalow a cenar y dormir.
Si cojo el coche tampoco pasa nada, pero que puedo sobrevivir sin ello.

Soy un aburrido? Pues para algunos lo seré. 
Monotonía? Para nada... Con dos niños es imposible.
Para otros, seré una persona normal, en el más amplio sentido de la palabra. Y también porque tengo comprobado que ellos son muy felices así. Con su parque y sus rutinas. Y cuando los niños están bien, normalmente los padres también. Y aquí también reafirmo mi normalidad. Estoy con mis hijos y comparto con ellos. Algo que a mi juicio es lo normal. No soy un padrazo. No. Y menos una madre. Me parece una falta de respeto que un padre implicado en el crecimiento personal de sus hijos sea considerado una madre.
No, por favor. Me niego. Soy NORMAL!
Además, cuando los niños son pequeños, se nos llena la boca diciendo que las rutinas son buenas, que es cuando están más tranquilos y hay que acostumbrarlos a las rutinas. A partir de qué edad hay que dejar esto aparcado y empezar a hacer tantas actividades que ya no sabes ni en qué día estás ni con quien? 

Así que desde aquí 


PON NORMALIDAD EN TU VIDA!!

4 comentarios:

  1. Oye que la monotonía está muy bien a veces. Las experiencias espectaculares están sobrevaloradas. Vamos, yo prefiero estar aburrida en casa que andando de mudanzas o con nuevas preñeces. ¡Viva la sosez!

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    1. Yo sólo me vuelvo a mudar si me toca la primitiva, pero sería más bestia. Todo nuevo, no me llevaría ni los calzoncillos!

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  2. Pues oye, yo también me uno a esa normalidad. De hecho, a mí lo que no me gusta es tener mil planes que hacer (sobre todo si son los planes de otro). Yo en casa, a nuestro ritmo y con nuestras pocas entradas y salidas me vale.
    Porque además, como tú dices, estando con niños pequeños es imposible aburrirse ;)

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    1. Ya, ya... los planes de otros es lo peor. Nosotros tenemos dos cumpleaños esta semana y ya estoy temblando, porque les rompe toda la rutina y luego el problema es nuestro para que se relajen.

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